Los tíos tenéis malas pulgas.


Y una empatía escasita, escasita.

Que sí, que estoy ya en el foro, ya tengo colegio con tres niños diagnosticados de hiperactividad medicados. Cola-cao con Lexatín todas las mañanitas... y a mí no me traen ni siquiera un cuartito!! Y también tengo un niño con el síndrome de Asperger, que es una cosa muy tremenda que espero que no tengáis en vuestro entorno cercano. Varios magrebíes, varios latinos (yo los llamaría sudacas con respeto, pero joé... la cosita está mala) y algunos nacionales.

Entre niños y adultos del pasado, tengo un master en disfuncionales, y todavía podré escribir libros variados sobre lo que opino al respecto de meter en una clase a tanta población con problemas tan severos y sin personal especializado. Si los niños acaban tarareando a Sabina (tienen siete años) lo siento, pero que vayan a reclamar al maestro armero. También pienso enseñarles el himno de Riego, la Internacional y el Caralsol... que no digan que no soy plural, y eso.

Layeni y Lavane parecen paletas recién llegadas de una aldea. Todo merece un "halaaaaaa", todo les parece bien, todo les gusta, les sorprende la gente y lo bien que las han acogido en los respectivos coles... andan jodidas porque vivimos en la otra punta de donde tenemos el colegio, pero pasamos las tardes pateando la zona para encontrar alquiler cerquita... qué fuerte, de verdad.

Por eso no escribo, porque estoy muy cansada y aún al llegar a casa hay que lavar y planchar, preparar la cena y la comida del día siguiente, pasar por mil sitios a comprar libros, uniformes, intentar convencer a las autoridades de que mi documentación está en un trastero, pero que no somos narcotraficantes y que nos gustaría empadronarnos en esta ciudad que, siempre lo dije y lo mantengo, me da la vida en la misma proporción que me la quita... somos unas sinpapeles acogidas en los colegios por misericordia...

Los tíos reclamáis atención porque claro... de todo esto no sabéis nada porque ni siquiera he enviado un triste mail para dar a nadie señales de vida... pero es que me queda un hilillo, así que aquí quedan cuatro líneas sin el menor interés literario... dejadme en paz, coñio, que no puedo ni con los huevos. Ya os iré contando cuando recupere el tiempo y la inspiración.

Tengo ganas de veros a todos y daros un achuchón.
Un beso grande.
Y si alguien quiere alquilarme un piso GRANDE en la zona de la carretera de Burgos, que lo deje aquí dicho, que me urge con urgencia. Las niñas están agotadas, es una hora de ida y otra de vuelta en metro... mi religión me prohíbe atravesar Madrid en coche por la morning.

Y si alguien sabe recomponer los riñones de esta servidora, que lo diga también.
Y decid algo, ya que me esfuerzo en decirlo yo.
Muás.

Fin y principio.


Eres una puta ingrata.

He intentado guardarte en el corazón y sólo me has llegado a la vesícula biliar.
Tantas veces como hemos sido presentadas he mostrado mi admiración por tí, mi deseo de ser tu amiga, de integrarte en mi vida, de integrarme en la tuya, y todas esas veces me has mostrado tu más fría indiferencia.

Bien... aquí termina mi esfuerzo.

Te has comportado como una provinciana venida a menos, orgullosa y cerrada, has despreciado mi interés y mi esfuerzo, no me has devuelto ni una triste sonrisa.

He ido a despedirme de ti desde un lugar bien alto, con sus míticos bares cantados en canciones desgarradas. Teniéndote a mis pies te he mirado a los ojos, faltos de brillo en este mes de agosto que vacía las urbes y he buscado dentro de mí un sentimiento de pérdida que no he logrado encontrar.
No te niego que me entristece esa indiferencia, ya mutua.
Todas mis ciudades, todas, han dejado algo impreso en mi alma, y de tí sólo puedo decir que has sido una puta ingrata.

...Y dice la gente que ahora eres formal...

Me entristece saber desde ya que no te voy a echar de menos.

Ahí te quedas, querida.
Tanta gloria lleve como descanso dejo.

Observar


Mientras vacacionamos (vacacionáis) en la playa rodeados de amigos, noches locas y copas, la vida sigue un curso paralelo y mucho más lento para otros.

La palabra "esperar" que tanto me exaspera adquiere un nuevo significado cuando me enclaustro en el mundo rural, y el reloj carece de utilidad.
Asomar la gaita en la frutería es encontrarse a siete personas delante de tí que están más interesadas en contarse cómo les ha ido la vida desde el agosto pasado que en ser despachados.

- Pasa, maja, que estás despachada en un pis-pas
- No, luego vengo otra vez, que tienes mucha gente.

Y la "mucha gente" se gira y me mira mal, no sé por qué, pero creo que he dicho alguna inconveniencia de urbanita gilipollas... como si fuera nueva aquí, donde las tiendas abren a las diez de la mañana y antes de comprar las mujeres tomamos café y ponemos verde a cualquiera que se nos ocurra... donde los tenderos paran cuando les sale de las pelotas a tomarse una caña, y si vas a buscarlos al bar te invitan a otra y te dicen que te esperes y que les cuentes... parezco nueva y me siento, si no nueva, extraña. Tanta calma no puede ser buena para mi cabeza, me digo, casi al tiempo que pienso que podría acostumbrarme, y que eso significaría perder tanto como ganar. Seguro que priorizaría malamente.

Sigo mi periplo de compras y salutaciones variadas... con el paso de los años me parezco cada vez más a mi padre, así que soy reconocida por la cara, interpelada, interrogada y demás...

Vuelvo a la frutería tras veinte minutos.
Detrás de mi entran dos ancianos (aquí se llaman viejos, sin tonterías y con respeto), uno me pide la vez y el otro le dice "pues yo detrás de ti".
Leen mi periódico, cada uno a un lado mío, aunque detecto un estrabismo voluntario hacia mi canalillo... éstos aún no han renunciado al jamón. Ni a la jamona.
Sonrío. Les sonrío, e inician un diálogo desolador:

- ¿Y cómo está tu hermano?
- Bah... no conoce a nadie.
- Hay que joderse, oye, qué cosa será ésta... y que no vuelven, ¿eh? Qué jodío debe ser no acordarse de nada... ni familia, ni la mujer, ni los chicos...
- Lo jodío lo tenemos los que sí nos acordamos y vemos que no hay modo de traérnoslos p'acá, cagonlahostiaputa. Ande tendrán la cabeza, qué pena da verlos. Mejor morirse, chico.
- ¡Amos, anda!! No digas eso ni en broma.

Interrumpe la conversación una señora mayor con unas piernas muy gordas y muy hinchadas que pretende salir por entre nosotros con su carro. En la puerta, un padre con dos niños espera a su mujer que compra, y no se retira ni quita la sillita del bebé para que pase la abuela con su carro y sus andares torpes...
Pierdo la prisa, la ayudo, "pido" al orangután con cachorros de orangután que se aparte con cara de comadrona malfollá, me decepciono, me defraudo a mi misma pensando en la santa guerra que da mi abuela y lo bien que tiene la cabeza y no es capaz de apreciarlo, sólo protesta, molesta, siembra la insidia, hace daño, miente... ochenta y ocho años de amargura y unos análisis que ya los quisiera yo. Y sus hijas medicadas por la ansiedad que les genera esta gota malaya y continua. Manda cojones. Evitamos las visitas por evitar a la abuela, y ellas están en medio...

La vida es maravillosa. Se nos pasan los días sin acordarnos de que es un suspiro, de que hay gente que nos necesita... en este pueblo los viejos tienen su sitio y su respeto. Me doy cuenta de que no veo en las ciudades gente tan, tan mayor y funcional.
Nos estamos cargando tantas cosas...

Me siento culpable, desconsiderada y avergonzada como ser social. Y sin embargo, como nieta, hay momentos, cada vez más frecuentes, en los que me pregunto por qué mi familia se pelea continuamente por no responderla mal a ella, que es mayor y no sé qué más... Por qué los niños se llevan rapapolvos por evitar que se los lleve ella, que es quien intriga y malmete, por qué ella disfruta cuando ve que discutimos, que regañamos a los niños, y apoya diciendo "ahí, ahí"... Por qué sus hijas han consentido que las cosas llegaran a este extremo insufrible...

Entonces me llegan noticias de gente feliz, bien avenida, lejana y cercana, entrañable y libre de lazos familiares asfixiantes y también me pregunto... qué es lo que me impide a mí coger mañana mismo un coche, un avión, un tren, y largarme a la playa solita a bebérmelo todo, a bailar, a relacionarme, a dormir de día, a ser posible acompañada de un desconocido espectacular, a gastarme el dinero que honrada y trabajosamente gano en mi persona, mi estómago, mis sentidos, mi piel... la respuesta baila entre "miedo", "responsabilidad" y otros impronunciables vocablos.

Supongo que aquí es donde se recupera la verdadera noción del tiempo, pero me sale muy caro.

Una de música para ellos, de la que ya no ponen en "las arradios". Mi abuelo Navarro me la cantaba para dormirme. Soy una carca orgullosa. Mi abuela la cantaba haciendo las camas... ahora ya no canta.

Y un homenaje a Mari Carrillo, que ha dejado de "olvidar".


A diseccionar, que es gerundio.


Tiene un amigo músico, tocador de varios instrumentos, trompetista de postín, amante del jazz sin solución, líder de su relativamente conocido (en selectos, progres y bohemios círculos de la crema de la nueva y burguesa intelectualidad ) grupo de jazz, director de orquesta de formación, sesudo profesor de conservatorio, director de la banda de su pueblo... nadie empezó en la Filarmónica de Berlín...

Al hablar de música, se pone intelectual que te cagas y dice unos palabros muy raros, identificando en qué tono se ha compuesto la pieza y en qué compás.

Ella, en un escueto castellano adornado por las limitaciones de su nula formación musical, señala sin afectación: es bonito, es feo, me sugiere prisa, enojo, energía, pasión, furia, melancolía, rabia, tristeza, pena profunda, felicidad, cachondeo, angustia...
Dice: esto no es de Fulano... me suena más a Mengano (son pruebas muy difíciles, porque ella de música sabe lo poco que aprende poniendo discos "a la aventura", y si le gustan repite, y si no le gustan, nunca mais).

Pontifica él: "Tú eres músico"
Responde ella, toda sesuda: "ein?"

Y sostiene con una birra en una mano, una patata frita en la otra y su hija subiéndose por su chepa de veraneante en bañador, que ella es músico porque "entiende" la música sin saber nada de ella, en el terreno teórico y técnico, supongo.

Ella simplemente cree que hay que tener orejas de madera para no aflojar el esfínter de manera inconsciente ante determinadas cosas. Y que no se mea encima porque, a pesar de todo, intenta ser una dama.

El quiere que ella aprenda música.
Ella quiere seguir sintiendo la música, sin analizarla ni destriparla, quiere mantener el misterio y la magia que hacen que unas simples ondas (?) la agiten entera.
El insiste.
Ella contraataca: ¿te llevo al Museo del Prado y te explico el Jardín de las Delicias, Las Meninas, los Rubens, los Tiziano...? Venga, y luego, antes del concierto, me das una lección magistral sobre lo que vamos a escuchar, con fusas y difusas incluídas... hay cojones?

El claudica: no me jodas, Anita, que te pones a hablar de diagonales, simetrías y rollos mitológicos y me jodes la visión!

Vale pues. Zapatero, a tus zapatos, somos unos garrulos jugando a saber mucho.





Los ojos de este hombre me tienen completamente gilipollas. Que conste en acta.

Berlanga, tío!!


¿Sabes esa sensación de que ya, de que lo estás viendo venir, que sí, que no, que ay, que me muevo, que te pongas arriba tú, que me falta poquito.... que se escapaaaaaayyyyysssss.... cagonmicalavera...?

¿Y esa mentira piadosa, oh patoso, que me he quedao sin mi cuarto orgasmo porque has perdido el ritmo en doce centésimas de segundo, pero ha sido estupendo, no te preocupesmiamol?

La conoces, ¿eh? No mientassss... TODAS hemos dicho cositas de ésas y nos hemos cagao en su puta madre desde lo más profundo del... eso. No hay excepción. Habría que poner un metrónomo en todas las mesillas de noche conyugales o similares. Tres por cuatro! Ar!

Pues lo mismo.
Doce centésimas me han faltado para olvidarme per secula seculorum... Berlangaaaaaa!!!!!

Pero mentiré... y diré que estoy contenta... y realmente no es mentira.
Vuelvo a casa. Con una mano delante y otra atrás, como preveía, pero la luz al final del túnel ya no es tímida... parece un foco potente. Misión cumplida. Objetivo realista, aprobar. Y a eso hemos llegado, y sólo nos faltaron doce putas centésimas. Y lo pienso celebrar como si fuera la primera de la lista de los que sí han entrado, qué diablos!!
A ver quién curra, viaja, atiende niñas, guisa, plancha y consigue lo que yo... TOMA AUTOCONFIANZA!!
Lo hice de puta madre.

A ver si recupero mi blog, cojones.
Se me está olvidando hasta escribir.

Recta final


Al parecer, y se me confirma por diversas vías, el problema es de autoconfianza.

Mantra para la próxima semana (se ruega a amigos, allegados o recién llegados, da igual, que lo repitan conmigo de aquí al miércoles unas quince mil veces al día):



Tormento, lo vas a hacer de puta madre.

Caña con aceitunas a partir del día 20.

Hoy por hoy, me alimento de mis propias uñas, tabaco e incertidumbre (mmm... qué ricooooo).
Como contrapartida, las cartucheras se han reducido como en un 20% (no hay mal que por bien no venga...)
Toy bien... sólo atacá, en modo pánico, según el vocabulario guasón de Yul.


Muda


Me resulta curiosísimo darme cuenta de lo que me cuesta meter mis escasos enseres en cajas.
Y me pregunto si no será señal de que no quiero mover las cosas, si algo me retiene o es que tengo algo que hacer antes de cerrar definitivamente la casa.
Mi respuesta es que las cosas me importan un pimiento. Morrón.

Lo que me apetece es coger unas bragas de recambio para mañana y salir hacia nowhere.
Ni siquiera los libros... dejaría la casa cerrada tal y como está ahora mismo. Sin más.

Pero las princesas me matarían si llegara al pueblo sin los peluches, el poster del pelanas de Tokyo Hotel, del paliducho de Crepúsculo (jomamáááá no te metas con él, es vampiro y es el chico más guapo del mundooooo), no sé cuántos pares de zapatos, bolsos, barras de labios de colores imposibles, algo de ropa que no les cupo en la maleta (el abuelo se sentó encima para cerrarla, y se fueron rezando el rosario en el AVE para que no reventara por empacho de modelis), los mp3, mp4 y resto de tecnología punta, aunque no funcione, rollo fetichista, supongo, los CDs, el champú que huele a fresa, la caja de zapatos con los huevos de los gusanos de seda....

Joer, qué poco apegada soy...

Tras Humus


Hay una tormenta en el exterior con gran aparato eléctrico.

Me gustan las tormentas, me gustan mucho. El olor, la caída del agua, el ruido, el cambio de temperatura, la sensación de alivio tras el exceso de la baja presión y los iones dando por culo... me gustan las tormentas que limpian la calle y relajan y rebajan tensiones.
No entiendo a quien se mete debajo de la cama... ahora mismo entra un viento en casa que incluso transporta agua y me salpica. Soberbio.

Mis alumnos vinieron esta mañana a buscar sus notas y despedirse de mí. Lloraban.
Los profesores de mis hijas, el martes, lloraban al despedirse de ellas. No volverán.
Mis hijas no lloran, pero sí sus amigas y las mamás de sus amigas. Yo también lloro.

Lloro de miedo, de cansancio, de soledad y de hastío. De oposiciones, viajes, sentimientos encontrados, kilómetros y nostalgia de lo que no fue ni me pudo retener.
Lloro de esperanza, lloro de expectativas, lloro de rabia tanto tiempo contenida.
Lloro porque me miro y me quiero, decidida y valiente, y ME VOY.

Con una mano delante y otra detrás, ME VOY.
Vuelvo a casa, dieciséis años y dos churumbelas después.
A casa... es que no puedo creerlo aún.
Un par de semanas más... un poco más de insomnio y mucho más de incertidumbre y me habré ido, aun cuando hace ya mucho tiempo que no estoy.

Sólo tengo miedo y alegría. Extraordinario cóctel.
Que dios reparta suerte, porque como reparta justicia...

Por cierto... ví a Juan Diego Flórez, le ví en Valladolid, cantando y paseando por la ciudad y creo que he perdido el criterio. Ya no me importa que le falten matices, he renegado de lo que dije en su día respecto a su forma de "no interpretar" más que lo que estrictamente exige la partitura... me he rendido al virtuosismo y al poderío de un señor que mide lo que yo... y que canta y me hace llorar... aunque en estos tiempos feroces, hacerme llorar a mí es casi tan fácil como invitarme a un vino.
Y cuando bebo vino, lloro.

Estoy bien, sólo cansada, cósmicamente cansada, en lo físico, en lo emocional, en lo intelectual... estoy francamente hasta los huevos, pero con vistas al final del túnel.
Un poquito más...


A morir.




Dicen que esta canción no está dedicada a una persona, sino a una sustancia.

No me importa mucho.
Era pequeña y era verano. Los albañiles jóvenes de mi pueblo la cantaban subidos a los andamios y a mí me gustaba escucharles, y ver cómo la gente la ponía una y otra vez en la máquina de discos del bar de la Plaza. Un duro, una canción.

La (s) quiero a morir.
A la una y a la otra.
Si me mantuvieron cuerda en su momento, ahora no lo hacen menos.
Y suscribo todas y cada una de las palabras de esta canción que en esta noche de miércoles me hace llorar sola.

Por desgracia, conocen bien cada guerra.
Ellas cosen y zurcen una y otra vez mis alas. Para seguir subiendo.
Ellas me sostienen, cada vez menos inconscientemente.
Atrapada en un lazo que no aprieta jamás.
Ellas convierten las paredes de mi casa en bosques de lápices de colores.
Y aprendo a pintar transparente el dolor con sus sonrisas.

Sólo puedo sentarme, sólo puedo charlar,
sólo puedo enredarme, sólo puedo aceptar
ser sólo suya.

Podéis destrozar todo aquello que veis.
Reconstruyen a la velocidad del rayo.
Nada se nos resiste.

Mi más sincero agradecimiento a Herr Zheimer, don Alphonse, que sabe de fotos más que yo. Como de otros miles de cosas.


Alternativa


Yo sé que mis intenciones pueden ser juzgadas de cien maneras, y que mis decisiones afectan a alguien más que a mí.

Por eso quise tender una mano que aliviara el dolor que produce mi decisión, más como daño colateral que por voluntad explícita de herir.

Ante mi mano tendida y mi voluntad negociadora, la otra parte contratante ha reaccionado mordiéndola con saña y rabia nada contenidas.

Todo el mundo sabe dónde estoy y dónde quiero estar.
La otra parte contratante también.

- "Vete tú, aquí no te necesita nadie, pero las niñas se quedan aquí".
- "Ellas no quieren quedarse, lo sabes perfectamente".
- "Ellas no tienen nada que decir en este asunto".
- "Pues yo creo que ellas son TODO lo que hay que decir de este asunto".

Es todo lo que he conseguido.

¿Algún letrado en la sala?
Se impone la vía militar, me temo.
Esto de luchar por los sueños es como darse contra la pared, coño.



Esta noche no quiero ir a la cama.
El ritual instintivo de pasear la punta de mi nariz por las sábanas en busca de tu rastro se me atraviesa en los medios. No quiero reconocerte en olores y no encontrar albergue para mis manos.
Alargo el tiempo en busca de un sueño que, lo sé de antemano, será corto, sucio y oscuro.

Mi tendencia al caos se exacerba. Desbordo márgenes y me salto a la torera biorritmos y conductas de sentido común. Desordeno las letras de tu nombre y busco cómo adormecer esta adolescencia tardía que nos coloca en el sitio que no es.

Quizá un discurso con las leyes de la termodinámica por argumento fundamental nos definiría como sistema, con un funcionamiento perfectamente estudiado y, en principio, previsible. Y yo siempre sería la beneficiada. Al fin y al cabo, mi temperatura de lagartija de diciembre me garantizaría ganar siempre.

Cuando necesito un discurso exacto como una fórmula física es cuando me encuentro con una competencia verbal francamente lamentable. Y mi conocimiento de la termodinámica tampoco da como para un ensayo...
En todo caso, asumiendo mi tendencia entrópica, siempre me consuela saber que la tercera ley no permitirá que me congele.
No del todo.

Total... que cada vez que te vas es como un arañazo, un padrastro, un orzuelillo. Un momento, pero jode que no sabes ni te enteras. Un momento, un breve espacio, un mínimo paréntesis que me descangalla el chiringo y me pone a parir.
Ahora creo que sí que me he entendido.


El sitio.


Es de todos conocido ese bonito lugar común de que el tiempo lo pone todo en su sitio.

Es menor el número de personas que sabe de mi capacidad de sentenciar y condenar (normalmente al ostracismo o al etiquetado de subnormalidad profunda con agravantes de mala follá) desde una especie de tribuna llamada blog donde me escribo encima sin más censura que la propia, que puede parecer poca pero a mí siempre me resulta excesiva.
Hasta escribiéndome encima me contengo. El día que deje de contenerme,será otro, y con toga, el que me sentencie a mí por atentar contra el honor de algún/a malnacid@.
Pero antes habré bailado sobre su tumba.

Hoy ha sido un día extraño, con capítulo social a reseñar.
Hacía más de cinco años que no coincidía con "alguien" muy especial, en el mejor de los sentidos.
Alguien con suficiente rapidez dialéctica como para aguantar el tirón y cerrarme la boca con razones incontestables o impertinencias mejor paridas que las mías propias.
Alguien que se partió (lo partieron) en dos y se retiró a los cuarteles de invierno a recomponerse, y nunca más volvió.
Alguien a quien no eché de menos cuando se esfumó (en el sentido de sfumato leonardesco), pero tampoco nunca de más, alguien que siempre estuvo en su sitio, alguien elegante e irreprochable.
Alguien con el punto justo de descaro, elegancia y saber estar.
Sus excesos míticos están en boca de todos menos en la suya. Un tipo con clase, de esos tipos con estilo incorporado de serie, no trabajado, no afectado, un caballero.
Alguien que, de haber estado cerca en un determinado momento, hubiera sido un gran pilar.
Pero no era el momento, ni suyo ni mío, no tocaba. El diálogo hubiera sido imposible entonces. Hoy era el día.

Creo que he recuperado a mi alguien. Ahora que ya lo que toca es desligarse, entiendo que perderé más de lo que quisiera reconocer, y es que perderé algo que nunca fuí consciente de tener: el respeto de gente a quien yo también respeté siempre.
Y me reconforta. Y me halaga ese "es que tú impones". Gracias, querido. Entiendo bien la intención, y la agradezco en lo que vale, pero no me gusta imponer.

Sin saberlo, mantenemos una línea de acción asombrosamente paralela y discreta, resumida en grandes sentencias: El mejor desprecio es no hacer aprecio. Somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios. Valemos más por lo que callamos.

No saben vivir sin nosotros. Pero nos hacen la vida imposible. Cuentan los tiempos en función de lo que tardas en escribir un post o pasarte por un lugar determinado a dar señales de vida... vale... que hablen de tí, aunque sea bien.
Supongo que les cuesta trabajo encontrar algo malo en lo que apoyar la insidia, la insania, la envidia, la putada de ver pasar el tiempo y verte mejorado, enderezado, florecido, floreciente, renacido, remozado, reconciliado. Que se jodan una y mil veces. Que se muerdan la lengua y se envenenen mientras te pagan una birra tras otra. Penintentiam Agite! Penitenciagite, que decía el pobre Salvatore en El nombre de la rosa!!
¡Doblen el espinazo, miserables! ¡Ríndanse ante la evidencia de su injusticia y su cortedad de miras! Jódanse y admiren el resultado de la purga, lenguaraces! (joder, cariño, lo que me cuesta poner el primer signo de admiración/interrogación!!)

Es el tiempo.
Lo pone todo en su sitio.
Y si no, pregunta a mi contador de visitas, por empezar desde algún sitio.

Por cierto... la señora de la foto de mi perfil no es cualquier foto en blanco y negro escogida al azar.
Es Isadora Duncan.


Necrológica a bote pronto


Pues me entero tarde, aunque por el excelente canal del Lagarto.
Y se me queda esa cara de "coño, que me han robado la cartera". Incluso me llevo la mano al pecho, se me descuelga la mandíbula, intento recordar que lo estábamos esperando desde hace muchos, muchos años... pero no por eso deja de joder.

Sería una estupidez decir que duele. Jode. Jode y mucho porque gracias a este tipo de sensibilidad extrema y vida salvaje, gracias a sus canciones, a mí (y a tí también) se me fijaron en el entendimiento situaciones, sensaciones y getas que no se me olvidan, que reaparecen asociadas a diferentes canciones suyas, y me llevan a tiempos más amables, menos responsables, bastante más alcohólicos, risueños, promiscuos, nocturnos. De jugar con las flores de todos los jardines, cuando aún nadie te puede quitar la corona de reina y te ríes sin saber que, antes o después, el miedo te cercará, las responsabilidades te bajarán del pedestal y pasarás directamente a Cenicienta. Ésa es la secuencia real, y no al revés.

Antonio Vega se ha muerto (ni nos ha dejado, porque nunca estuvo, ni ha fallecido, que es una palabra super hortera, ni nada de eso. Se ha muerto) y nos ha dejado así como con cara de pasmo, vaya mierda, pobre hombre, qué artistazo... ahora viene cuando todos le glosarán y dirán lo magnífico que era... esas cosas, venga homenajes, venga festivales, venga, que ahora no va a protestar...

Va el tío y sin hacer ni ruido (como casi siempre) va y se muere, con dos cojones.
Pues nada... un señor tan independiente, un outsider tan discreto y tan outsider que ni lo pregonaba (que es lo que hacen los outsider: nena, soy un outsider y si te acercas a mí, tu vida será un infierno del que yo no te salvaré, porque me importas una mierda, pero no me dejes, oh, yeah).

A mí me hacía llorar. Siempre. Me transmitía una sensación de soledad tan grande, tan profunda, que me aplastaba la congoja. Era como un desamparo contagioso. La voz, el gesto ausente, la hermosura abstracta y aplastante de sus letras... era un personaje etéreo, inasible, descarnado, indefenso a simple vista, era un espíritu libre, yo diría que estaba tocado por dones varios.
Uno, el de hacerme llorar. Otro, el de poder entender quince cosas diferentes en una misma canción. Otro, el de construir unas melodías sencillas pero hermosas.

Se nos mueren los ídolos... y no me veo apuntándome a La Oreja de Van Gogh, al Canto del Loco, a Tokyo Hotel, a Jana Montana o como diablos se escriba...

Nos agarraremos a Joaquín, que aguanta algo mejor, y rezaremos a San Jack Daniels para que nos lo conserve un tiempito aún...

Descanse en paz, señor Vega, don Antonio, y espérenos sentado.

Ooooommmmmmmmmmmmmmm


Soy de ese tipo de personas que lee, ve pelis, se pasa las horas muertas mirando un punto fijo dándole vueltas a cualquier cosa... vamos, que moverme, lo que se dice moverme, me muevo poco.

O mejor dicho, no me muevo lo suficiente como parecerme a la Charon Estón, o a la Mónica Beluchi y compañía.
Soy sedentaria y me eslomo ordenando mis cosas, cocinando para la Yeni y la Vane y comiéndomelo yo, disfruto comiendo, me engorda sólo pensarlo... pero lo del gimnasio, no sé si no tengo tiempo (que no lo tengo) o es que no me estimula enfundar mis lorzas y mis cartucheras en una malla y ponerme a hacer cosas absolutamente ridículas, pudiendo leer, o ver pelis, o mirar un punto fijo intentando levitar (que no levito, claro... estoy redonda!)

Total... que de endorfinas ando tope deficitaria, y llevo tres semanas de baja con una ansiedad del carajo. Me endiñaron ansiolíticos y antidepresivos, que supongo que para el caso es como si me hubieran mandado calabacines en forma de supositorio.
Como no estoy deprimida (que yo sé lo que es, por desgracia) y la ansiedad no me da la gana de enmascararla con pastillas que me secuestran los sueños, he decidido ser una tía proactiva (¿de dónde saca la gente los palabros éstos?) y hacer algo por mi persona.

Y... bueno... la señora de la entrada me dijo que el profesor de TACHÍ pensaba que eso era un poco difícil para mí (a ver... tengo dos carreras universitarias sacadas jugando al mus en la cafetería de las facultades, y ganando en un porcentaje altísimo de las vacas, que hay que decirlo todo. Tengo un cociente intelectual que es como una etiqueta de anís del Mono, pero es jodidamente alto... y peso tantos kilos como que me sobran seis, no veinte, vaya... que no me siento un ser humano de movilidad reducida, sólo una tipa con el culo gordo, un hipotiroidismo cabrón que me descompensa los cuartos traseros y un par de partos a la espalda...)
La cosa es que, lejos de desanimarme, decidí que el profesor de TACHÍ es más tonto que un bocao en la polla a las siete de la mañana, y que tendría que relajarme de otro modo, y que aunque lo que me apetecía era partirle las piernas al TACHÍ de los huevos, mejor mantener la calma ésa que no tengo y que se me pierde por ahí de vez en cuando. Demasiadas cosas en la cabeza y un reloj tan tacaño... y eso de no poder dar dos hostias a tiempo, qué malo es, joder.

Y la profesora de yoga decidió que para la ansiedad me iba a ir muy bien ir a sus clases. Pos vale.

Y oye... que ayer fui a mi bautizo de yoga.
Qué decir... es como querer hacerle un nudo a la pata de un banco. Un relax mortal, eso sí. Si me quejo de que me sobran kilos, hubo un momento en el que tuve la sensación de ser tan pesada que era incapaz de moverme.
Pero la inquietud máxima fue en un momento crucial de la clase.

Situación: Anita, rodeada de otras doce señoras de su edad y para arriba se ve a cuatro patas, metiendo el hombro izquierdo por debajo del brazo derecho, pegando el moflete al suelo, levantando hacia el techo el brazo derecho una vez que apoyaba el hombro izquierdo, y girando la cabeza hacia ese brazo que miraba para arriba.
La pregunta fue: para qué lado me voy a dar la leche? He perdido la orientación, estoy completamente retorcida sobre mí misma y esto tiene pinta de irreversible... si no viene la seño, hay que avisar al cuerpo de bomberos (oh, yeah!) para que me desanude. Que -ven -gan, que -ven -gan!!!
Unos nerviosssss..... una risa floja... un pedo que quiere salir, un apretón de glúteos, por dios, aquí no, hoy no, que es mi primer día, coño, Anita, controlando esfínteres!!
El pedo volvió a su sitio, si es que lo tenía, pero fue perfectamente contenido. Entre que me caigo y no me caigo, no me caí.
Conclusión: puedo más de lo que pensaba, aunque mi flexibilidad ha caído en picado como los tipos de interés. Mis abdominales son de mantequilla, pero hoy tengo agujetas, luego entonces... aún hay futuro para mí.
Y he dormido como hacía años que no. Y sin valeriana siquiera, ni un polvete en esta cuaresma que me gasto, ni contar ovejas... caer en el catre y entrar en coma profundo.
Virguero, el yoga.
Que se joda el de TACHÍ, y que tiemble la Charon Estón.

Teclas caídas?

Sois todos unos cabrones.

Y esta frase no es para epatar, si es que esa palabra pedante y hortera existe, que ojalá que no.
Es que sois unos cabrones!
El Instigador se la envaina (espero que sólo para cambiarse el disfraz).
El Dedos ha desaparecido como por ensalmo, da igual que lo busques por un lado o por el otro.
A la francesa, hala!!
De Carlitos Satán ya ni hablamos... ahí tiene el blog hecho un solar.
Coco está haciendo de Nemo o de Dori... espero que no lo pesquen para pescadito frito...

ELLAS van escribiendo sacando el tiempo de debajo de las piedras, pero vaya galvana que tenemos!!
Esto qué coño es? La primavera??

PROPUESTA: Hacemos un fondo común de seis euretes y fundamos una editorial??
A ver si así...
Siesquetenemosunegoooooooooo.....