Angelitos


No sé qué es lo que he hecho mal.
Mi mini-princesa (la Vane) pide autorización para llamar a su superamiga nicontigonisintí HIJADEPUTAVETEALAMIERDA. Así, sin respiro ni nada, se llaman cuando se enfadan. Ocho años.
La conversación se inicia en el salón y pide la sujeta en cuestión que la deje ir a su cuarto a hablar, pero le hago entender que se pierde la señal y no podrá.

Por lo tanto, se sienta como un indio encima de la mesa y el primer asalto consta, entre otras cuestiones de vital importancia para la humanidad, de la advertencia de que como no le devuelva los juegos de la Nintendo, mañana se chiva de no sé qué...
Pierdo el hilo de la conversación hablando con maxi-princesa tengunpavoquenopuedo (inter nos, La Yeni) sobre la subnormalidad in crescendo de no sé que niño de su clase...

La siguiente frase que oigo de la voz arcangélica de mini-princesa Vane es:
- YO TAMBIÉN SOY DE RAJOY.

La Yeni y yo nos miramos con la mandíbula colgante y las bolillas de los ojos fuera de las órbitas. Ni media palabra hemos articulado. Un susto que pa qué.

Se me ha cortado bastante la respiración. Se me ha cortado del todo, la verdad.
He esperado pacientemente (pero con taquicardia) a que la criatura terminara el sesudo análisis político con su amiga nicontigonisintí.

-Oye, Vane, qué es eso de que tú también eres de Rajoy?
- Pues que me parece que tiene más cara de presidente que Zetapé
- Y tú crees que es cuestión de caras?
- Güeno... y por otra cosa que dijo un día en la tele...
- Qué cosa dijo?
- Pues que iba a prohibir el catalán. Que a ver, mamá, a ver por qué los niños de aquí tenemos que estar más rato en el cole... los primos en Madrid no estudian catalán, y luego cuando vamos a verlos no me entienden, y la bisa (léase la bisabuela) me regaña (la niña tiene razón, los primos la miran con cara de paisaje y la bisabuela la regaña)
- Qué cenamos, chicas?
- Mamá... esto es hablar de política?

A este paso, Mauricín se me amojama.

Duchas, impermeables, reúma.


A veces me gustaría tener una varita mágica y cuatro abracadabras trufados de juramentos y adjetivos quijotescos.

Y desaparecerte de la memoria, de los labios y de las tripas a base de conjuros y maldiciones gitanas de esas que se dicen con sentimiento, rabia e impotencia visceral, que se agolpan en la boca y te traban el habla al salir en torrentera.

Hoy, sin ir más lejos, lo haría y tiraría la varita a la alcantarilla para no encontrarla, sin un ápice de remordimiento.


MORALEJA: aunque las comparaciones son odiosas, puesta a elegir prefiero mil veces dormir con Roger Rabbit que con Homer Simpson.
Dormir sola se confirma como opción óptima. De hecho, MOLA.


Leamos


He leído estos escalofriantes días navideños un libro de Almudena Grandes (que a veces me apasiona y otras me deja más fría que un témpano, y creo que depende más de mi estado de enajenación que de ella misma). Se llama "Estaciones de paso" y me juego el meñique de la izquierda que lo han leído unas cuantas tías y cero tíos. No es un reproche. Al parecer, Almu es escritora de mujeres... soberbia soplapollez, pero oye....
Grandes escribe muy bien, aunque tiene un fallo que compartimos: puestas a meter adjetivos somos capaces de enumeraciones tediosas.
Uno de los relatos de ese libro me contiene entera.
Otro de los relatos contiene una historia que siempre quise contar.
Bien... en el Oeste ya hubiera muerto.

Terminado el libro de marras me llama a gritos desde su expositor el último de Ray Loriga, del que (confieso sin atisbo de vergüenza) no había leído nada.
Me gusta. Me gusta la capacidad acojonante de escribir cien páginas y aún no haber dicho absolutamente nada. Lo mejor de todo es que el libro tiene ciento setenta y séis páginas, así que ya puede correr y mover alguna pieza, o lo catalogaré, como catalogué "La Inmortalidad" de Kundera como TREMENDA CASTAÑA PILONGA que sólo se salva por la hermosura de la prosa, un librito de aquellos de... "pché... ta bien..." Un triste en continua contemplación de la miseria que es la vida... el caso es que lo cuenta tan bien... se le ve tan aséptico que hay que pensar que es el protagonista de su propia novela...
Ray Loriga, al parecer, es la estrella del rock de las letras europeas, según The New York Times. Lo dice la faja roja que acompaña "la obra".
Joder... a mí se me parece más bien a los Europe, aquella mezcla de Los Pecos y Extremoduro versión anglosajona...

La cosa es que se compra una los libros no sin sacrificio, que mis princesas tragan que da miedo. Y supongo que eso hace que genere expectativas: ya que me lo compro, que sea bueno, que sea bueno, que sea bueno... hacía tiempo que quería leer algo de este tipo con cara de malo y pinta de ser blandito, sensible y tal... lo típico, vamos. Lo normal pa sus años, vaya. Le falta la moto, pa mi gusto.

No... creo que no voy a seguir escribiendo con idea de proyección.
Me gustan mis pajas mentales con las que sólo aspiro a vomitar lo que me envenena y a provocar en mi público comentarios empáticos y piroperos.
El panorama es deprimente, o soy yo la que elige con el culo??
Admito sugerencias. De hecho, SUPLICO que me digan qué están ustedes leyendo, a ver si...

- Pero aún piensas en ella? Oye... yo pensaba que eso era agua pasada, que estabas ya curado, de hecho fuiste tú quien la dejó y con no muy buenas maneras... Mauri, deberías aparcar el tema ya, no??
- Sólo pregunto por curiosidad... al fin y al cabo es otra de mis chicas.
- Es la única que te importó, cuándo vas a ser sincero contigo mismo? Fuiste un gilipollas.
- Oye, no necesito sermones. Si no quieres, no me cuentes nada, pero no me calientes la cabeza.
- Eres un gilipollas, Mauricín.
- No me llames Mauricín!
- Mauricín!! Gilipollas!!

Las amigas es lo que tienen...
Carolina era amiga de Mauricín. Era la viborilla de su barrio, la única que podía reírse de aquel pobre imbécil. La única sin pelos en la lengua y con una cota de confianza que le permitía estar cerca.
La pregunta de su amigo la retrotrajo a otro tiempo y se sintió solidaria y mujer. Recordó un tiempo en el que Mauri era feliz y le daba menos el coñazo.

Recordaba un tiempo no tan lejano en el que su amigo tenía una mujer hermosa.
Era suave, tenía la piel tirante y satinada, escasa de manchas o lunares, tensa y reactiva.

Entonces se erizaba sólo escuchando los dulces susurros del niño Eros.
Y los de Apolo, y los de Marte... era una diosa, y lo sabía, y se mostraba al mundo, prescindiendo de espejos y afeites. Era hermosa, ése era su poder.

"Hoy encuentra su poder dándote la espalda y negándote su rostro.
Regalándose su imagen más ajada, más lacia y cansada. Pero sólo suya.
Ofreciéndose la sonrisa que ya no puedes ver. Una sonrisa fruto de haber vivido, de haber entendido dónde está el secreto de la calma, dónde crecen las flores de la alegría.
Un NO a tiempo, un BASTA YA en el momento adecuado, un AHORA YO justo cuando tocaba.

Su vientre ya no es liso, ni sus pechos desafían a la ley de la gravedad, esfuerzo inútil y melancólico; su rostro muestra las señales de la risa y del llanto. Del llanto.
Ahora ya no necesita la admiración de diosecillos.
Ahora ya es ella, plena y hermosa de dentro hacia afuera. Es de ley, le tocaba.
Decide, manda, dirige, actúa. Para ella.
Lo que no sabía era que iba a levantar tantas ampollas.
Y quizá eso sea lo que más le ha gustado."

Eso es lo que Carolina quiso decir a Mauricín, y eso es lo que no le dijo, porque a veces le odiaba tanto que lo peinaría a hostias por gilipollas, pero hoy, precisamente hoy, lo único que sentía era una profunda pena, verdadera compasión por la pobreza de espíritu del hombrecillo con los puños de la camisa doblados y el cerebro de un paramecio. O zapatilla.



De los nervios.


Ya había dicho que iba a ausentarme, aunque no pensé que lo fuera a respetar.

He sobrevivido a las Navidades, y ni en el peor de mis sueños podía haber imaginado un numerazo como el de estos (entrañables?) días para olvidar.

Conservo las risas y sonrisas de hijas y sobrinos.
Confirmo que habiendo niños no soy capaz de apagarme.
Conservo el calor del señor de la foto. El rey. Y yo.

Y de verdad, el resto, que se vaya a tomar por culo con toditas las letras, por favor.
Ni una fiesta familiar más. Pero ni una!!!

Y a todos ustedes, queridos lectores, en primer lugar, las gracias por sus comentarios y su compañía. Me siento un poquito culpable, por no haber respondido, ni visitado a nadie. Pero estaba tan cabreada y tan harta, que mejor calladita.

Y en segundo lugar, espero que sus fiestas hayan sido... digamos fiestas. Y punto.
Feliz 2009, feliz rutina, feliz curro, cansancio, soledad... joder, cómo he echado de menos mi vida de mujer cansada y endiabladamente LIBRE!!!!

Venga, a lo nuestro!!!

... y un repaso.












... y tú prepárate, que en cuanto recupere el resuello te voy a dar trabajito, guapo.
No son ganas.
Esto ya entra en el capítulo de necesidad/urgencia.

[...]


Es bastante probable que durante el tiempo que duran las vacaciones escolares este lugar quede abandonadito.
Quizá le llegue algo de frío y bastante de soledad.
Será una soledad más evidente pero menos consolidada que la que sufre el personaje que aquí se muestra casi a diario. Una soledad pasajera que no me preocupa mucho.

Aquí se van a quedar ratos muertos, fantasmas, personajes en construcción y breves intercambios de palabras siempre amables, siempre cálidas.
No quiero escribir estos días. Quiero dedicarme a no hacer nada, a disfrutar de mi media docena de sobrinos y a descansar.
Sufro desde hace algunas semanas un cansancio muy hondo, en lo físico mucho y en lo emocional más aún.
Estoy agotada de bregar con las princesas, estoy agotada de tirar de este carro que no se mueve ni a tiros, estoy agotada de sostener sobre mis hombros el peso de una vida que se da de bruces contra todo sin remedio. Harta de no tener tiempo ni para darme pena a mí misma, ni para un par de lagrimillas de vez en cuando. Harta de comprobar con dolor que es cierto. Que estoy completamente sola (y fané, y descangallá, como en el tango) en esto y que así va a ser siempre. Que todo lo que consiga hacer en esta puta vida va a ser a golpe de no dormir, de no salir, de no poder perder el control ni un instante.

Necesito un tiempo de recomponerme, de coger aire, de leer tranquilamente, durante horas, de dejarme cuidar (sigo sin saber muy bien en qué consiste) de abrir las puertas en algún momento y dejar salir en confesión un torrente desbordado de frustraciones, decepciones, sueños rotos, impotencia y una mala suerte endémica que hace que, despaciosa y calladamente, se me quiebren la voluntad y los riñones.

Debería poner un gracioso Christmas navideño.
Mis lectores más antiguos saben bien que la Navidad y yo no hacemos buenas migas.
Las ausencias se me apoderan y me acongojan.
DEDITOS, dile a Pau que ese gilipollas de Mauricín, su familia de postín y yo misma mejorada volveremos. Dale mi palabra de honor.

Es sólo un momento...
Feliz Navidad.
Feliz Año Nuevo.
Y todo eso.




Me dicen que nuestras vidas no valen gran cosa,
pasan en un instante como se secan las rosas,
me dicen que el tiempo que transcurre es un cabrón,
que de nuestras tristezas se hace abrigos.
Sin embargo alguien me dijo que...

Mujeres


Hay muchas clases de mujeres.
Mami era una de esas mujeres que se había pasado la vida haciendo eso que llaman "lo que se debe hacer".
Fue una buena niña, una jovencita aplicada en sus estudios y perfectamente integrada en un estilo de vida establecido y francamente cómodo.
No sufrió los ataques de rebeldía propios de la adolescencia, no mezcló sus burgueses huesos con los de personas de hueso proletario, salvo las dos chicas de servicio que mantenían la plata impecable en la casa familiar. No sufrió de desamor ni disfrutó de lo contrario.

Fue perfectamente entrenada para perpetuar un statu quo que nunca cuestionó.
Fue una pájara boba bien adiestrada para no contrariar a su esposo, criar a su hijo en los sólidos principios de "siempre que sea posible, que te lo den hecho" y hacer la vista gorda ante todo lo que la incomodaba.
Sólo le frustraba no haber sido madre de hija, para poder ir juntas a comprar trapos.
Pero hasta en eso había tenido suerte, y Mauricín le salió complaciente, y era él quien hacía de "agente de bolsa", con lo que pesaban todos aquellos paquetes.

Hay muchas clases de mujeres, pero las mujeres como Mami aportan al mundo un toque insufriblemente inmovilista, monótono y asfixiante, estrecho de miras, insuficiente, egoísta, corto de vista, patizambo, frívolo, escaso, difícil.

Muerte a las Mamis que convierten a los mauricines de turno en peleles eternamente insatisfechos.
Muerte a las hijas de las Mamis, que convierten a los peleles en autómatas.
Muerte a quien convierte a los hombres en mercancía por miedo a querer, porque la vida es un puto boomerang.
Y la mierda acaba siempre en la cara de quien sólo pasaba por allí.

Del resto de mujeres, dejemos hablar a los expertos:



Grietas


Cuando por fin tuvo la lucidez de mirar hacia afuera, dudó.
Demasiado tiempo poniendo parches para parecer aquello que quería ser y que no era, sujeto por andamiajes tambaleantes... había que salir a la calle.

Se afeitó con mimo y recordó que la única mujer por quien hubiera dejado el cálido nido de mami sin mirar atrás se mantenía inmóvil cada vez que realizaba aquel ritual mágico. Enjabonarse la cara, llenar de agua caliente el lavabo, contemplarse de esa guisa, desnudo, adormilado aún, frente al espejo, verla en segundo plano, callada, encantada, atenta a cada pasada de la cuchilla por su cara, conteniendo la respiración para evitar accidentes...
Sabía prolongar la liturgia para regalarle y regalarse miradas silenciosas y complicidad a raudales.
Indefectiblemente, tras el aclarado, ella restregaba la nariz por su cara qué bien hueles, a jabón, a limpito, a recién planchado, y se entregaban a un curioso intercambio de inspiraciones, en busca de olores nuevos, matices en la piel del otro, gruñidos de animalillos en celo y protestas por la dureza de esta vida que nos hace trabajar cada lunes y cada martes.

Se fue harta de afeitarse los cuernos, de reprimir las ganas de empitonarle la femoral, una buena cornada con dos trayectorias en el triángulo de Scarpa habrían hecho mejor justicia. Harta de comerse los faroles, las manoletinas y las revoleras, harta de sus cambios de tercio, de sus espantás, y de aquella horrible costumbre de torear-la con el pico, alejándola con la menor de las elegancias. Zafio.
Harta de escuchar los olés de sus palmeros, herida de muerte ya, dejó un leve rastro de Eau de Rochas en el ambiente y desapareció subida en unos tacones de vértigo.

Afeitarse recordando todo aquello fue dejando un par de surcos longitudinales que labraban el jabón de su rostro inexpresivo.
El hueco que ella había dejado a la izquierda del espejo le resultaba un abismo insondable.
Si no fuera porque era quien era, se podría haber pensado que tenía sentimientos, y que aquello era un llanto callado por quien le hacía sentirse bueno, cálido, humano.
Aprovechando que era abril, decidió diagnosticarse un potente acceso de alergia.

Regalo


No se lo digas a nadie...

Ayer nos contó que las dos únicas veces que participó en esa chorrada del amigo invisible, se quedó sin regalo. Desilusión.
Por eso nunca participa, da igual cuánto insistas.
Me rompió el corazón... me quedé triste y perpleja.

Este año, aunque odio el amigo invisible y me parece una chorrada de primer orden a la que me apunto por no dar la nota, haré dos regalos.
El que me toque por papelito y el de él.

Pero calla, eh? que es un secreto. Y esta vez sí que me hace ilusión.

Bombero


... que no sé cómo haré para compensarte.
Pero sólo en cables, cuerdas y botas de pocero debes de gastarte un dineral todos los meses.
Esta costumbre arraigada de caerme en los pozos de mierda empieza a irritarme.

Supongo que debería graduarme la vista, llevar chaleco antibalas, casco y escudo.
Supongo que ir a pecho descubierto para volver a moco tendido
no es lo que se dice triunfar.

Pero siempre es mejor que dejar que el miedo te paralice.
Triunfaré. Conjuraré los maleficios. Dejaré de pisar mierda.
Y te lo devolveré multiplicado por millones y trillones.
Te lo juro.

Decíamos ayer...


Los días buenos madrugaba.
Se comía una manzana y salía a correr un rato por ahí, aprovechando la cercanía del monte. Pero no un monte cualquiera. Un monte civilizado, del que habían huído los jabalíes y las culebras. Un bosque preparado para que los seres humanos, superiores en tantísimo, pudieran tirar por la borda los excesos cometidos cada vez que se sentaban ante la mesa.
Aquello de alimentarse había dado paso a la gran cultura de la gastronomía, de la que no todo el mundo participaba.
Pero nuestro Mauricín sí.
Mauricín se cuidaba como un pichón, lo cual incluía un desayuno preparado por Mami consistente en un zumito de naranja lo primero de todo, para darse después una ducha y, pasada media horita, sentarse ante un opíparo (y ovíparo, que había huevos fritos) desayuno con su periódico del día, recién salido del buzón. Un buzón de derechas de toda la vida que recibía el diario, la hoja parroquial y las facturas e informes de los estados financieros del niño y su mamá, que a la postre eran los gestores de la pasta gansa.

Costurera hábil, cocinera aceptable, proba observante de las normas de aquella inmarcesible Pilar Primo de Rivera, que tantos escalofríos produciría en las infinitas fallidas futuras nueras, Mami había sido educada en las monjas y, al ser hija única, había heredado una pequeña fortuna. Malgastaba toda su energía en obtener una sonrisa diaria, sólo una, del tacaño Mauricín, soso por definición, estúpido de profesión. Desagradecido por educación.
Los dineritos de Mami habían sido gestionados con suficiente buen criterio por don Mauricio hasta que el vástago del matrimonio tuvo suficiente edad, y sólo eso, como para hacerse cargo de la administración de los bienes familiares. Y como si de un Scalextric se tratase, firmó doña Mami los poderes para que el Niño se divirtiera con los millones como si fueran billetes del Monopoly.
Coches por aquí, viajes por allá y esa inconfundible imagen de catetillo vestido de marca bien visible, de pies a cabeza, reloj tamaño lata de sardinas, gomina hasta en las cejas y mirada de reojo (a ver si me miran, jo...).
Mauricín era una auténtica golosina para la viborilla de su barrio.

-Vaya cochazo, Mauricín... ya sabes lo que dicen...
- Llámame Mauricio, bonita.
- No me llames bonita que mojo la braga, Mauricín... y con ese cochazo, está claro que no vas a poder resolverlo...
- El qué?

Los días buenos, decíamos ayer, madrugaba...

Tatuaje


Es como prolongar durante horas la sensación de una mala noticia.
Es como una tupida manta de pastor, vieja y áspera.
Es un eterno retorno, tan previsible como inevitable.
Es mirar en todas las direcciones que se te ocurren y no encontrar nada.

Hoy me ha hecho llorar.
Me ha hecho sentirme impotente, terriblemente impotente.
Y se ha apoderado de mí una tristeza honda y viscosa,
una soledad infinita, tatuada, indeleble.
Maldito reloj. Maldito domingo.

Arpía


Claro... ahora que me ha dado por escribir "ficción" (déjenme poner comillas, que las uso poco), resulta que me quedo sin mi sitio para el quejío diario.
Pues no.

Haremos un espacio mixto, de jamón y queso, y allá cada uno con lo que quiera interpretar.

Hablaremos hoy de la bonita expresión "sembrar la insidia".
Clase magistral o cagalera individual, a gusto del lector (sufrido, se me olvidaba).

El diccionario de la R.A.E. dice que insidia es Palabras o acción que envuelven mala intención.
También dice que es sinónimo de asechanza, así que veamos...
Asechanza: Engaño o artificio para hacer daño a alguien.
Coño, la R.A.E., lo bien que se explica... se entiende todito.

O sea, hablar de uno, pero no bien, antes al contrario, buscar la manera de joder a esa persona, por una vía o por otra. Y si para eso hay que mentir, pues vale mentir... ah, que es decir la verdad de forma... torticera ( adj. Injusto, o que no se arregla a las leyes o a la razón.) ?? pues bueno... aceptamos barco como animal acuático...

Hay quien siembra la insidia por deporte, porque eso es lo que ha aprendido en su casa, y ni siquiera es consciente de que toca los huevos, y mucho menos en qué grado.
Lo llamaremos el insidioso congénito. No toda la culpa es suya. Es más frecuente en la mujer que en el hombre... pero eso, miratú, es más cultural que otra cosa, y asistimos bastante ojipláticos a la inversión de la tendencia... pero si nos toca mejorar a las niñas, aunque sea porque los niños empeoran, putamadre.

Y tenemos un segundo grupo, que no siembra la insidia por sistema, sino de forma puntual, metódica y finamente organizada.
Percibes cómo te va acorralando, cómo va creando un grupo de adheridos, cómo se desvelan los intereses creados, cómo genera dinámicas de simpatía/antipatía y mueve todo el cosmos sólo para hacer ver que puede hacerlo.
Este tipo de insidiosos, daremos en llamarlos tontoloscojones.

Argüiré y justificaré el uso descarado de esta nomenclatura lo mejor que sepa, Señoría, se lo prometo.

El tontoloscojones (si es una hembra, es tontaloscojones, pero las características que le aplican son idénticas) es un espécimen que pulula por todas las capas sociales, aunque se deja ver bastante en la zona catetil.

Digamos que son los tontoloscojones vistosos. Gracias a ellos, todos sabemos qué es un tontoloscojones.

El cateto, por definición, es poco hábil cuando pretende sembrar la insidia. Así, se olvida de hablar bajo, de callarse cuando un individuo que no es de su pandi entra en escena, de borrar textos de ordenadores comunitarios, de avisar a sus adláteres de que el objeto de su encono es, aunque no santo de su devoción, sí digno de todo el respeto... y que una parte importante de su trabajo está en manos, fíjatetúquécosas, del objeto de su encono (que hay que ser gilipollas para no ir directamente y decir: oye, TAL , oye, CUAL, oye, TÚ, noséqué...)


Y por no llamar GILIPOLLAS al insidioso consciente (provenga o no de la clase catetil, descrita por ser más paradigmática, pero que no excluye su existencia en la noble clase alta, que el hijoputismo no discrimina), le llamo TONTOLOSCOJONES, y mayormente uso el genérico, porque la verdad es que, en este caso, es una tía.

Es lo que tienen las vacas sagradas... a partir de ciertos momentos, habría que proporcionarles buenos retiros, o buenas movilidades geográficas, que no se acomode ni dios, que no estamos trabajando con melones, aunque algunos lo parezcan. O estamos, o no estamos. Pero de cuerpo presente no, por favor. Un respeto a "los melones", que te van a curar el cáncer dentro de diez años. Si son repetidores, doce. Pero te lo acabarán curando.

Que nada... que compañeros chungos tiene todo el mundo, pero que a mí me ha dolido.
Y he fumado. Sólo uno.
Y estoy jodida, porque yo soy franca y no me gusta que hablen mal de mí sin que se me dé la opción de defenderme. Aunque entiendo que no me la quiera dar. Por si acaso.

Y también porque todo esto no es más que un calentón (suyo, yo soy fría como el hielo para con las féminas) porque no quise casarme con ella. Pero profesionalmente tengo vocación de elemento suelto, solterísima e independentísima. Y en lo demás, cada día más, también.
Y no quisiera cagarme dentro, pero me queda bien poco de convento, y no pienso renovar votos, que voy de nómada en toditos los aspectos de mi vida salvo en la marca de pintalabios y perfume, ahí mi fidelidad es enfermiza, oye.

Pues nada... que cuando el diablo no tiene que hacer, con el rabo mata moscas. Sin embargo, yo estoy muy ocupada, así que voy a ver si me resbala y no vuelvo a fumar por culpa de una vaca, por muy sagrada que sea.

Mañana* hablaremos de la mamá de Mauricín, o del propio Mauricín, que cada vez que pienso en él me salen granos en las orejas, qué repelencia de criatura, por favor!

(*) Mañana en el sentido en que lo usó Fray Luis, no me jodan.

Jaimeeeeeee---- (3)


Confesaré humildemente, querido gatomío, que este fragmento me ha resultado especialmente evocador, especialmente gozoso, como los misterios del rosario.

MAURICÍN

Ya de pequeñito se le veía así como tontorrón, despistado, medio ido, medio lelo, modorro en su totalidad, la vista perdida en lontananza o barlovento, que para el caso era lo mismo, y un curioso tic que se activaba cuando se le sacaba de su idiocia. Entonces, parpadeaba ciento cincuenta mil veces en dos nanosegundos y parecía aún más imbécil. Una vez parpadeado convenientemente, atendía a la segunda, respondía sin pensar lo que estaba diciendo y convertía una simple pregunta de respuesta sí/no en una conversación para besugos de alto standing.

Mami le defendía, le cobijaba de manera enfermiza bajo el ala, alegando que su chiquitín Mauricín tenía una vida interior muy activa, y una sensibilidad muy desarrollada.
Papi lamentaba el comentario y respondía que lo excesivo en el niño era la ropa interior, y que eso era lo que hacía que su sensibilidad al frío fuera tan exagerada, que mejor sería dejar más suelto al chico, que le diera el aire, que estaba amariconao perdido y más o menos gilipollas en función de la estación del año, aumentando clamorosamente en la primavera, como era de suponer.

Al chico le vino de perlas que mami se sintiera inútil si no cuidaba del chiquitín. Casi cuarenta tacos marcaba el cuentakilómetros de Mauricín y andaba mareando perdices con cara de cateto endomingao y camisa de cuadros de manga larga con vueltita de puño en el buen tiempo, mientras mami le preparaba el menú, le cambiaba cada dos días las sábanas de hilo y le ojeaba mozas de buena posición y mejor trapío que tenían todas las de perder si eran listas, porque no pasarían por el jugoso tálamo de Mauricín.
Lo único que tenía grande aquel cenutrio era la cuenta corriente.
Papi languidecía contemplando el vago redomao que había consentido criar.

No hubo más hijos.

El pequeño tirano con cara de tortilla de patata mal cuajada succionó culpabilidad maternal, acaparó para sí toda la atención y dejó sin sustento sentimental (ni del otro, huelga decir) al pobre papi, que no tardó en encontrar consuelo en los brazos de la dueña de una mercería de barrio, muy fina ella, muy de provincias, manicura rosita perla, muy de tapetes de ganchillo en los brazos del sillón, que tenía la insólita habilidad de recitarse la letanía del rosario en latín en lo que le duraba el éxtasis con don Mauricio padre.

Es de justicia decir que don Mauricio siempre fue un hombre taciturno pero muy cumplidor, y a una hembra no se la podía despachar con faenas de aliño. Se entregaba, sudaba la gota gorda y la mediana, y arrancaba devotos gemidos a Mariví en la trastienda, entre cajas de filtirés, canesús, cintas de terciopelo de cien colores, hiladillos variados, cremalleras, corchetes, fajas tubulares y sostenes corseteros

Mater castissima, ora pro nobis
Mater inviolata, ora pro nobis
Mater intemerata, ora pro nobis
Mater inmaculata, ora pro nobis...
Ay, Mauri!!! Maurimaurimaurimauri!!!!!
Qué ricooooooooooommmmmmmmm!!!!!

Qué felices eran los días de Mariví!
Qué sietemachos se sentía don Mauri, que marcaba el ritmo de sus empellones con cada Mater que exhalaba la dulce, modosa, ardiente e insaciable Mariví!
Aquello era un hombre, y no el zurriago de su hijo!
Aquello eran faenas de dos orejas, rabo, vuelta al ruedo, indulto al astado y vuelta a empezar, por el amor de Dios, Mariví, que no puedo con mi alma!
Y Mariví sonreía, picarona y provocativa, le ponía morritos y don Mauri se reencarnaba todas las veces que hiciera falta, que aquella mujer, gloria bendita, milagrito de última hora, no pedía pan, y daba tanto como quitaba.

Justicia poética!